Mucho se ha escrito en
los últimos dos meses sobre las acusaciones lanzadas contra Israel por fuentes
palestinas, organizaciones de derechos humanos y la propia ONU acerca de
sospechas de crímenes de guerra que supuestamente habría cometido durante el
operativo militar contra Hamas en la Franja de Gaza.
Hay quienes se
apresuraron a darlo como hecho, no sólo desconociendo los detalles de lo
ocurrido en el terreno sino haciendo caso omiso, además, de la razón por la que
Israel atacó a Hamas en Gaza que desde
allí, durante años, se dispara indiscriminadamente y en forma intencional hacia
la población civil israelí, miles y miles de cohetes.
Podría uno pensar que de
fondo, el problema es una confusión no necesariamente mal intencionada: creer
que siempre que hay civiles muertos, la explicación es que se cometieron
crímenes de guerra. Eso, ante todo, no es así, no sólo porque es sabido que en
hostilidades hay riesgos de daños a no involucrados en los combates, que se
hallan en las zonas afectadas. No es así, además, porque el propio Derecho
Internacional reconoce que cuando un lugar que en situación normal tiene
carácter civil , es usado para actividades militares , se convierte en blanco
militar legítimo. O sea: si en una casa se almacenan misiles, si en un edificio
operan centros de comando de una organización terrorista, si de una residencia
o mezquita se abre fuego, el lugar pasa a ser un blanco al que se puede
legítimamente atacar.
Pero el problema no es
una «confusión». Es legítimo criticar a Israel. Es legítimo discrepar
con Israel. Es legítimo considerar que Israel se equivocó. Lo que no es
legítimo es que cuando al fin se defiende de los ataques de misiles desde Gaza
lanzados a propósito, no como accidente , hacia sus civiles, la reacción casi
automática sea hablar de sospechas de crímenes de guerra de Israel, mientras no
se dice ni una palabra en un tono similar siquiera sobre los responsables de
esos misiles y de tantos otros crímenes, contra los israelíes y contra los
propios palestinos.
A todo este encare
distorsionado y tendencioso acerca del comportamiento de Israel en la guerra,
se agrega otra problemática: cuando es el propio Israel el que investiga a su
ejército, algunas organizaciones de derechos humanos y ongs internacionales dan
a entender que ello no es creíble, que si Israel se investiga a sí mismo el
resultado no es confiable y que Israel realiza sus investigaciones para
encubrir la verdad y evadir las investigaciones internacionales, como ser de
las Naciones Unidas.
Sobre el valor de la
investigación que realizará una comisión de la ONU encabezada por el canadiense
Profesor Schabas, conocido como ferviente crítico de Israel y de posturas
radicales en su contra, no hay mucho que decir, más que estimar que el informe
está escrito de antemano. Si pudo titubear -lo vimos-cuando un cronista del
canal 2 de la televisión israelí le preguntó si considera que Hamas es una
organización terrorista, diciendo una tontería como que «aún no he
consultado con los otros miembros del equipo»-pues está todo dicho.
Aquí, eso de «Israel
se investiga a sí mismo», no debe ser visto, a nuestro criterio, como
muestra de poca profundidad y de un intento de desdibujar realidades y evadir
responsabilidades, sino todo lo contrario. Y muy especialmente cuando de afuera
el mensaje que se irradia es de un tribunal de ataque a Israel y no de
verdadera investigación de la verdad, la labor de los equipos investigadores
israelíes formados por la unidad del Procurador General de las Fuerzas de
Defensa de Israel, es clave.
Cabe señalar que aunque
transcurrieron sólo dos semanas aproximadamente desde la entrada en vigencia
del alto el fuego, Israel ya está investigando casos «excepcionales»
en los que hay sospechas de conductas indebidas o incumplimiento de reglamentos.
Cabe aclarar que inclusive si se halla que hubo actitudes indebidas, eso no
significa automáticamente que hubo crímenes de guerra.
El sistema jurídico de
las FDI no está subordinado al Comandante en Jefe del Ejército. El General que
lo encabeza no depende de él, sino de una autoridad civil, el Ministro de
Defensa, y por otro lado, sus decisiones son apelables ante la Suprema Corte de
Justicia de Israel. Esto no es el caso en todos los ejércitos occidentales. Su
independencia es absoluta y sus criterios, profesionales, jurídicos, trabajando
continuamente con expertos en Derecho Internacional, que acompañan también las
decisiones tomadas durante el transcurso de una guerra.
Las investigaciones que
lleva a cabo pueden ser iniciadas por denuncias o declaraciones de distintas
fuentes, también de civiles palestinos u organizaciones de derechos humanos.
Quizás no menos interesante sea que los propios soldados pueden presentar una
denuncia cuando consideran que hubo una actitud indebida de parte de alguno de
sus compañeros.
En una reunión mantenida
ayer con una muy alta fuente de las Fuerzas de Defensa de Israel, interiorizada
directamente con el tema jurídico, quedó en claro que Israel no se demoró en
comenzar a trabajar en este tema.
Ante todo, ya en medio de
las hostilidades, tras el comienzo del operativo militar contra Hamas, el
Comandante en Jefe del ejército ordenó la creación de un mecanismo en el Estado
Mayor, que permita, mediante el trabajo de varios equipos encabezados por altos
oficiales, recabar la mayor cantidad posible de información sobre casos acerca
de los cuales hubo denuncias. Ninguno de sus miembros, todos ellos oficiales
con experiencia jurídica, eran parte de la jerarquía de comandancia durante la
guerra. Por ley, todo soldado tiene obligación de presentar testimonio ante los
equipos, si ello se le requiere.
El trabajo de dichos
equipos es clave para permitir al Procurador General del ejército, decidir en
base a los hechos que se recaban y notifican, en qué caso debe abrirse una
investigación criminal, si tal o cual expediente debe quedar cerrado o si se
necesita más información. Como decíamos antes, parte del material que se toma
como referencia, pueden ser también testimonios de palestinos en el terreno.
Según informó a los
periodistas presentes la alta fuente militar que analizó el tema jurídico,
hasta ahora han sido presentados ante los equipos que recaban material, 44
«incidentes excepcionales» , y sobre otros 50 ya se ha anunciado que
lo serán próximamente. Reiteramos: por ahora, se trata de la investigación de
lo sucedido, antes de decidir cómo proceder jurídicamente.
De los 44 ya presentados,
se terminó el estudio de los hechos en 12 casos. Siete de ellos han sido
cerrados, en dos casos se ha ordenado una investigación criminal y en 3 casos
se espera la decisión del Procurador General.
Por otra parte, hubo
hasta ahora tres casos en los que el Procurador General de las FDI decidió de
inmediato, sin pedir más material, abrir una investigación criminal, al evaluar
el material como claramente indicativo de que hay sospechas de violación de la
ley.
En una segunda nota sobre
este tema, en pocos días, daremos los casos concretos.
En base al material que
vimos en el encuentro con el alto oficial, tanto filmaciones de videos como
pruebas de otra entidad, claro está que las investigaciones no son un juego ni
una farsa. El ejército está investigando diferentes casos de muerte de civiles,
de disparos hacia una escuela de la UNRWA, registrando datos precisos de los
involucrados y afectados. No da nada por descartado, no comienza el trabajo
diciendo «estamos bien en todo», o » aquí no hubo fallas»,
sino recalcando que se investiga con seriedad cada caso que podría indicar lo
contrario.
Quienes alegan que porque
Israel se investiga a si mismo, hay motivos para desconfiar, debe ante todo
preguntarse qué confianza inspiran los equipos tendenciosos de la ONU, que osan
colocar a Israel en el banquillo de los acusados y no a los terroristas de
Hamas. Y por qué cuando en una escuela de la ONU fueron hallados cohetes en un
aula, estos, en definitiva, fueron entregados a la policía de Hamas…
Y cómo se atreve el
Secretario General de la ONU Ban Ki Moon a condenar a Israel por los disparos
que cayeron en escuelas de la ONU (aclaremos, está bien que eso se investigue,
e Israel, por motus propio, lo está haciendo), pero sin condenar y pedir
investigación de los disparos desde escuelas de la ONU o cerca de ellas, hacIa
Israel. En uno de esos ataques,desde una escuela hacia el kibutz israelí Najal
Oz, murió Daniel Tregerman , de 4 años. Sus padres Guila y Doron enviaron una
carta al Secretario General de la ONU, preguntándole por qué permanece callado
sobre los crímenes de guerra de Hamas.
Sobre eso, no oímos que
nadie pida investigación.